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FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA Y LA NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO

 

En 1615, en Lima, capital del entonces extenso y bullente Virreinato del Perú, el cronista indígena Felipe Guamal Poma de Ayala fechaba y entregaba a las autoridades un voluminoso manuscrito profusamente ilustrado que dirigía al Rey Felipe III de España, bajo el título de Nueva crónica y Buen gobierno. El autor declaraba tener ochenta años, lo que quiere decir que habría nacido poco después de la conquista del Perú encabezada por Francisco Pizarro (1532) y que fue testigo de las dramáticas convulsiones y mutaciones que marcaron en adelante la vida del antiguo Tahuantinsuyo. Según el propio Guamal Poma, sus ancestros eran “de los mayores señores de estos reynos”. Su padre, Martín Maliqui de Ayala Yaro Vilca, fue “de los primeros que recibió a los cristianos en Cajamarca (…) y primero que se bautizó” y heredó el privilegio de ser en sus dominios “segunda persona del Inca”. Aunque escasean sus datos biográficos, Guamal Poma habría sido también cacique y dueño de tierras. Teniente de Corregidor en la zona de Lucanas, en Guamanga (Ayacucho); escribano e intérprete en las vistas de las autoridades virreinales y una suerte de maestro bilingüe o “profesor de aculturación” al decir del historiador Franklin Pease, dada su condición de “indio, cristiano y ladino”. Conocía, sin duda, de legislación, había tenido acceso a diversos libros, especialmente crónicas; trató con algunos clérigos y tuvo en particular una estrecha y conflictiva relación con el mercedario Martín de Murúa, cuya Historia del Perú, en su primera versión, ilustraría también.

 

El 14 de febrero de 1615, Guamal Poma le escribió al rey una carta desde “Santiago de Chipao de la provincia de los Andamarcas Lucanas Soras, distrito de la ciudad de Guamanga”, informándole del manuscrito y pidiéndole que instruyera al virrey para que lo recibiera y se lo hiciera llegar. “Me ha parecido –le decía al monarca- hazer una corónica o historia general de todo lo que he podido venir a saber (…) que he visto como de lo que he entendido por caciques principales antiquísimos destos Reynos que tenían entera relación y noticia de todo de sus antepasados para que quede memoria durante la era del mundo y  que no se pueda es acrezer cossas tan grandes y memorables por falta de escriptura (…) Y para que los historiadores de V.Mgd. puedan tener mas entera  luz de la que yo entiendo han podido tener hasta aquí, para cuya averiguación y satisfacción de enterarme de la verdad de todo ello a vista de ojos me ha sido forzoso el averme ocupado tiempo de treinta años aviendo andado personalmente todas las provincias destos reynos tomando la razón por escripto… a fin de hazer un tan gran servicio a diso nro. Señor y a V.Mgd. en dar larga cuenta de la manera que han sido tratados los naturales destos reynos después que fueron conquistados y poblados de españoles para que V.Mgd. quede enterado de la verdad de todo y para que mande se acuda al remedio que piden daños tan grandes pues solo a V.Mgd. incumbe el mirar por ellos como su rey y señor natural que es de ellos y se duela de sus miserias calamidades y malos tratamientos”.

 

El propósito de su obra no se puede ser más explícito. Guaman Poma quería dar testimonio ilustrado y escrito de lo que conocía y había podido recoger acerca de la historia y la cultura andina y ansiaba también informar al rey de los problemas y padecimientos que enfrentaban entonces “los naturales” a fin de que el monarca interviniera a su favor. Esperaba, además, que su obra fuera debidamente impresa y difundida. En relación al inicio de su relato histórico, conviene tener en cuenta lo señalado por el peruanista francés Pierre Duviols: “A pesar de que los nombres que designan las cuatro edades pertenecen al quechua, a pesar de muchas otras alusiones a la realidad autóctona, el contenido de los capítulos prehispánicos no se originaba en la tradición oral andina, ni se le debe atribuir valor histórico alguno. En aquellas famosas páginas no se encuentra una protohistoria ni una historia antigua del Perú sino una “filosofía” de al protohistoria y de la historia, aplicada al caso del antiguo Perú y con vista a intereses políticos que existieron solamente en la época del autor o en otra inmediatamente anterior a él. Las claves de esta filosofía y las de sus consecuencias políticas, se encuentran en el humanismo español y en las disputas teológicas y jurídicas que dividían a los intelectuales y funcionarios de la colonia peruana a propósito de los derechos respectivos de los descendientes de los reyes incas y de los reyes de España”.

 

Este hecho no soslaya el aporte al conocimiento de una serie de prácticas culturales y de otros hechos que el autor ilustra con especial cuidado. En lo que atañe al presente cercano que le tocó vivir, el cronista, según Pease, debió “transitar los complicados momentos de las guerras civiles entre los españoles en los Andes, especialmente la de Gonzalo Pizarro con la corona”, sobrevivió a la catástrofe demográfica andina del siglo XVI “de la cual dará cuenta con graves frases” y pasó “momentos difíciles durante la campaña de extirpación de idolatrías después de la década de 1560”, en cuya represión habría colaborado con el clérigo Cristóbal de Albornoz. Guamal Poma estuvo también “en medio de las presiones surgidas a raíz de las reformas del virrey Francisco de Toledo –quien gobernó el Perú entre 1569 y 1581- entre las cuales se cuentan el tributo, la mita minera y las reducciones, todas ellas criticadas ácidamente por el cronista”, aunque, como precisa la historiadora estadounidense Rolena Adorno, alabara el viaje de inspección al virreinato que hizo Toledo y otros aspectos de su legislación, como la norma que “prohibía a los españoles vivir entre los andinos”. Una experiencia, en suma decisiva para la elaboración de su monumental registro.

 

El manuscrito debió partir a España a inicios de 1616. Un embajador danés podría haberlo adquirido en Madrid a mediados del siglo XVII, dado que desde 1662 ya formaba parte de las colecciones reales danesas. En 1908 el alemán Richard Pietschmann lo descubre allí y da noticia de su hallazgo al mundo académico. En 1936, el Instituto de Etnología de París, bajo la dirección de Paul Rivet y tras una cuidadosa limpieza de las reproducciones para erradicar las sombras de tinta de la cara opuesta de las hojas manuscritas, hizo por fin una edición facsimilar de la obra, que décadas más tarde conocería nuevas reproducciones y numerosos estudios críticos.

 

Esta muestra reproduce íntegras, aunque variando los tamaños originales, las 398 páginas con dibujos que trae el manuscrito, y que en la obra van intercaladas con otras 800 páginas de textos. Sobre la importancia de estos dibujos, Rolena Adorno seña: “Si el lector se detiene en cada uno de los 398 dibujos y lee los textos en prosa que los acompañan, le resultará evidente que este método –en el que el texto visual precede al texto verbal- fue, para Guamal Poma, no solamente su sistema de composición sino el meollo de la concepción de su obra. Las imágenes anticipan, dramatizan y “presentifican” los contenidos del libro; son el texto primario de la obra, no las “ilustraciones” secundarias. Guaman Poma diseñó, de hecho, la mayoría de sus capítulos alternando las páginas en prosa con las imágenes. Hay, no obstante, diferencias significativas en la cantidad de material en los textos (…). El lector que observe estas diferencias apreciará el hecho de que los dibujos dictan el curso y el contenido de la exposición que los espacios alternantes que asignó para sus complementos en prosa restringieron la extensión del contenido verbal que podía ser comunicado”. Esta muestra de vocación itinerante rinde homenaje a Felipe Guaman Poma de Ayala y a su obra excepcional,  fuente especialmente valiosa para la investigación sobre la civilización andina y alegato valiente y contundente contra los abusos ejercidos sobre los pobres y débiles “en su tierra”, en medio de las profundas y dolorosas transformaciones que experimentaba el Perú de su época.

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